viernes, 6 de abril de 2012

Lamento y perdición.

Hace un mes que no veo más allá de mis cataratas,
que no observo la imagen sucia pegada a mi cristalino,
que no noto las sombras que dibuja el surco que camino,
que no sueño con batallas entre Pirro y Constantino,

hace varios ciclos que dejé mi voluntad a la moneda,
que el temor a caer de nuevo se apoderó y me hizo vil,
que lloré al son de un destilado agave tu lejanía,
que a cuenta gotas escribí tu nombre en la inconsciencia,

hace un minuto que recordé tu voz mientras gritaba,
me decía, calma, todo está bien, aún sigo aquí
fue la epifanía más grandiosa de este siglo,
a palabras desnudas me decías que sigues ahí,

pero mis pies pesan a hierro fundido,
mi ojos se cierran con menos caída que gravedad,
las manos se niegan a salir de los bolsillos,
y tu fotografía no brilla, ni se atreve a voltear,

cada noche me repito que no tengo nada que decir,
que cada cual ha pagado el precio de su mentira,
que el mio fue absorber el impacto de mi osadía,
que el tuyo fue felicitar los logros de otro troglodita,

ahora pienso que ha sido una aventurada anécdota,
una historia digna de contarse en tranvías y carretones,
que le escribirán una humilde canción de previsible estribillo,
será una leyenda de lobos solitarios trastabillantes,
quizá le esculpan un altar no deidísta de cobre y amalgama,
quizá algún día un inmoral se atreva a cambiar el final,
donde tus labios no se conviertan en lamento y perdición,
uno donde no guardemos dagas y un haz bajo la manga ,
uno donde en este momento te pudiera besar.
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