Y mientras seguía el sol su camino,
algunos dormitábamos en las sombras,
viendo a los pies a ruines y bardos,
saludando sin encanto a los pasajeros,
fuimos pocos los que embarcamos,
todos fuertes a una misma convicción,
una que fue malograda en el espíritu,
que corrompió la parte brillante del ser,
con el tiempo mermaron los asientos,
a mayor edad había más pasajeros,
algunos caían por la borda al abismo,
otros solo veíamos episodio y desvarios,
junto a mis colegas rompimos cada esquema,
farfullando victorias sin emblemas,
mostrando al futuro nuestra mejor cara,
amenazando con guardar aún nuestra mejor arma,
con el tiempo los paladines caían y caían,
sucumbían ante los encantos y delicias,
poco a poco me fui quedando solo,
guardando el banderín sin forja ni forro,
pero llego el momento de las cruzadas,
el banderín en lo alto hondonaba,
su belleza era plena,
su fortaleza era eterna,
su lema era mi esencia,
y cuando creí ganar,
y estar empapado en victoria,
y haber sido curado,
y haber probado el suelo empedrado,
con un solo beso de plomo y cicuta,
con una caricia cálida y húmeda,
con una palabra al oído recia y testaruda,
caí al tren del querer y la locura.