La penumbra no era amiga,
quizá, solo lejana desconocida
amante oculta entre las sombras,
reyna en la comarca de olvido,
Hacia años que no gritaba su recuerdo
no recordaba su nombre de pila,
no deletreaba su apellido sin acentos,
no soñaba sus curva sin talento,
Pero la noche de un anteayer,
a baja luz y sin susurros,
se hizo presente, me abordó,
converso un rato y se marcho,
Temeraria como siempre fue,
sin decir nada, excepto su nombre,
revolcó su pasado entre las sabanas,
dejando marcas remotas y amargas,
Pocos segundos después del atentado,
haciendo efectivo un siglo de distracción,
encendí una luz valiente y segura,
rogando al fuego no hubiese fisura,
Pero la luz antes cálida y simpática,
dio la espalda a la mentira de mi olvido,
encendiendo mas fuerte pero apagada,
mostrando el camino de nieve retorcido,
Armando entre las piezas de miseria,
una figura endeble y vacilante,
un arcano guerrero sin espada,
un Caballero de evidente armadura oxidada.
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