En algún momento decían que pasaría,
que ningún trote es así de eterno,
que cualquier armadura se oxida,
sin importar lo laxa de la batalla,
qué las piedras guardan en sí calor,
qué esa temperatura sonrroja mejillas,
humedece labios, dilata pupilas,
y enternece hasta al más fiero pirata,
todos gritan dimes y diretes,
intentan justificar sueño perdidos,
hablas de nuevos proyectos y desatinos,
que nunca se mezcla el agua y olivo,
y yo que sé? soy solo un chiquillo,
lo pongo a su milenaria consideración,
existen cosas peores que equivocarse,
pero ninguna más terrible cambiar de pared,
cuando has construido un muro impenetrable,
donde ni hordas de romanos lograron pasar,
donde la Galias son solo un juego de niños,
y el mismo Zeus se inclinaría a orar,
de eso hablo, del yo que era fuerte e impensable,
del que esquivaba cualquier trazo de espadas,
del que corria en campos minados rosando balas,
del que sabia el nombre de las cosas y basta,
quién diría que ese muro tenía una venta?
y que por el solo entraba una que otra gama,
era poco probable encontrar la luz adecuada,
ahora sonrío por su peculiar llegada,
no me queda nada mas que recordar la fortaleza,
y guardar al bolsillo algún rastro de piedra,
voltear al cielo y notar que la torre cambió de bandera,
que en ella reina esa hermosa gama extranjera.
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