Mientras recibía el primer manotazo,
las lagrimas corrían el maquillaje barato,
una mueca de terror se dibujaba con lamento,
la calle observaba con inmutable desprecio,
cada puntapié la hundía más profundo,
cada palabra obscena agrietaba su corazón,
cada transeúnte inocuo la llenaba de pena,
cada segundo era un palpitar de dolor,
y miraba el voyeur de los sujetos,
me asombraba cada gota de firme apatía,
era un suplicio ver nacer rabia incomprendida,
ver su bragas caer, y la indecencia envilecida,
tras varios forcejeos por mantener el alma viva,
el granuja corpulento cometió gran felonía,
tomo la esencia pura ensuciando con saliva,
un cálido cariño convertido en ignominia,
seguía escondido evitando que me vieran,
observando desde lejos la miseria con vergüenza,
gruñía a mis adentros con certera valentía,
esperaba ese momento donde la justicia enardecía,
olvide por un momento el valor de nuestras calles,
que a cada esquina grita no hay por ti quien guarde,
por un momento pensé en guardar lentamente mi venganza,
en convertirme en un ruin transeúnte que vagaba,
olvidarme de la suerte que nunca toco mi suerte,
el seguir a pie el camino de corrupción y la muerte,
pasaron un par de minutos, el enemigo desvanecía,
en el suelo yacía la profanación mas fortuita,
la peor de la pesadeces, la fortuna más errada,
y los labios que las rosas con jubilo admiraban,
tome mi daga pulcra más filosa que la venganza,
caminé con sensatez como quien busca la nada,
minutos más adelante, encontré a un pillo vacilante,
aún traía en sus manos pruebas de una andar errante,
me acerque a la barra pidiendo lo que el coloquio,
observe con cuidado y disimulo devoto,
estudie con ahínco la ciencia de su bebidas,
el lugar en que reían y el tamaño de sus vejigas,
encontré entonces el error de la ecuación,
el momento exacto en olvidaban la atención,
cogí entonces mi arma y me acerque sin indulto,
clavandola con odio y justicia con ambos puños,
lo demás que pasó es muy fácil de explicar,
me enredé entre la sombras avanzando sin cesar,
corrí lo más que pude evitando mirar a tras,
cuando estuve muy lejos, y pude guardar la calma,
y sentía que en mis venas corría justicia pagana,
cuando recobre la serenidad y me fundí con el paisaje,
fue que sentí un puñal, clavando en mi pecho probidad.
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