martes, 8 de enero de 2013

Soy feliz.

Y entonces me di cuenta de todo,
algo que había negado por el sin sabor,
algo que no encontraba bajo mi almohada,
y hacía años no pedía para cenar,

la extrañeza perdía su nombre y apellido,
su rareza me hacía creer de nuevo en mi,
su fortaleza me gustaba para crecer,
su hombro me daba un lugar para llorar,

fui al lugar que visitaba las noches de absorto,
que fue obscuro, pardo y fantasmagórico,
ese lugar donde lo temores cobraban vida,
y me hacía remontar a los años de buena vida,

entre sin escalas, sin visas, ni pasaporte,
ahora había un luz que desnudaba el picaporte,
un aura de fulgor cubría con su manto mi camino,
me armaba con espada, caballo y un gran batallón,

el camino fue largo, lleno de vicisitudes cautas,
confiaban que su poder seguiría la constante,
subestimaron el aura de mi espada,
y por ello saborearon su metales ,

llegue hasta su líder, un versión oscurecida,
una versión con mas pesadumbre que victorias,
un ser cauto e inmune a cualquier encanto,
un hombre igual a mi pero invicto en batalla,

tuvimos una presentación efímera pero certera,
las espadas hicieron bruñir los metales,
a cada chispa moría un pesado recuerdo,
la pelea fue ardua, y solo uno debía ganar,

después de horas, minutos y recuerdos,
una espada calló vencida al suelo en partes,
alguien ya no podía esta de pié y mirar,
fue cuando me despedí sin dar el último golpe,

la victima exigía respeto a la batalla,
exigía el cumplimiento de un romano pulgar,
pero lo dejaría vivo, latente, observando como viviría,
¡porqué los temores que crean paladines invencibles!
son los qué dan fuerza para seguir adelante.


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