Y entonces sentí un fuerte tronido,
después un impacto que desvanece,
solo sentía como mi cuerpo caía al suelo,
un fuerza cetripeda me llevaba consigo,
perdí el conocimiento de inmediato,
durante algún tiempo,
no se como ni cuanto,
nada sucedió,
estaba en el limbo de los condenados,
sentí como el alma salía de este cuerpo,
era como el temor a salir disparado de un juego de feria,
sabes que en cualquier momento puede pasar,
pero como ese esos juegos, tampoco pasó,
entonces desperté, mi vista al iniciar era borrosa,
sentía un ligero aturdimiento, desvarió y éxtasis,
a pesar de saber que algo muy malo había pasado,
sentía paz, una tranquilidad tremenda sabor muerte,
cuando por fin pude enfocar mis quebradas gafas,
noté el suelo ensangrentado, mi manos pitadas rojo carmesí,
no sentía mis piernas, mi fuerza era infinitamente débil,
y en el suelo, derramado, algo, que ni siquiera quiero decir,
supe en ese momento, que si mi cuerpo ya no esta entero,
y no me podía mover, no había forma de sobrevivir,
me resigne, durante un segundo quise recordad mi vida entera,
pero por más que lo intenté, no había recuerdo, algo estaba atrofiado,
no sentía nada, salvo esa paz que se fue al carajo,
cuando decidí dejar de luchar, no era yo,
cientos de horas invertidas en televisión barata,
donde lo héroe jamás se rende habrían sido en balde,
pero bueno, yo no era un héroe, ni el mundo estaba en peligro,
invariablemente iba a morir, que más daba si hacía algo o no,
igual moría antes, y dejaría tanto de lamentarme,
a lo mejor notaban mi ausencia, y mi fétido hedor los percataría,
por el bien de una sepultura cristiana,
vale la pena levantarse una vez más,
una nota periodística nunca esta mal,
y el ojo del huracán es mi lugar especial,
como pude accione los músculos que aún me quedaban,
me puse de pié, parecía más bien un zombí de bajo presupuesto,
incluso dije en voz baja "i love brains", e hice un gesto de hambre,
no debía estar tan mal, perdiendo tanta sangre no se puede bromear,
estaba a unos metros de la puerta,
era poco para mi abuela,
pero un maratón, para un baleado dominical,
justo al llegar a la manija, otra puerta escuche accionar,
trono también un click, bastante particular,
un aroma a azufre se impregno del lugar,
lo demás me da flojera contar,
conocí el color de mis entrañas y un amigo peculiar,
no tiene barba, seis brazos o una barriga imperial,
no supe siquiera su nombre, ni su código postal,
pero ahora estoy descansando en lo que tu llamas el más allá.
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