vi tu nombre en mi buzón mental,
esa aplicación que me hace recordar,
citan relevantes, cosas importantes,
que solo sabe sonar, en noches errantes,
se enciende cuando cielos nublados,
se guarda cuando el sol ha brillado,
dónde empieza la real alcoholemia,
dónde se termina la mental destreza,
me recordó tu nombre entre retratos,
los que en mi cama están derribados,
debajo libros, legajos y artefactos,
besando maderos, o suelos tizados,
mi lengua saboreó tus labios,
tan dulces, tan firmes, tan delicados,
aroma cariño y pasión de encantos,
recuerdo que vive y late demasiado,
entonces decidí olvidar los enojos,
baja la guardia, y desarmar los hombros,
correr bajo lluvia, y relámpagos grosos,
tocar a tu puerta, buscando tu ojos,
salí de mi cama, casi sin zapatos,
yacía sangre de corazón en mis manos,
tomé sin derrape las llaves del auto,
y avancé con dirección a aquel árbol,
cruce carreteras y ariscas autopistas,
manejé decenas de horas diligente,
no importaba en cansancio y apetencia,
la meta era clara, tu sonrisa regenta,
después de horas de calor excesivo,
pasé por la curva de tu destino,
donde un accidente, ironizó este estribillo,
llevando tu alma, sin paz ni destino,
entonces frené la marcha impotente,
no podía buscarte, no era prudente,
ya no existía tu sonrisa que enamora,
era solo polvo y trizas ahora,
regresé amargamente, con un doble de tiempo,
durante el largo caminó, recorte el sepelio,
las lagrimas que llore, las rosas arrojadas,
la miradas de todos, culpándome al alba,
y es cierto, fue mi culpa, el impacto tan severo,
habernos hecho daño, y a ti enviado al cielo,
no merezco la pena y perdón de un humano,
tampoco la muerte, sufrir es de Hidalgos,
cumpliré mi pena con la frente al horizonte,
resentiré cada golpe, y látigo inconforme,
mis lagrimas será brotes de sangre viviente,
viviré cada minuto, hasta que mi corazón reviente.
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