sábado, 25 de febrero de 2012

Sobredosis.

A lo lejos se notaba un aroma a muerte y suerte al revés, con los pies pesados y suela de asfalto, la piel curtida por tanto cavar, absorbía la noche y se veía más oscura cada vez, en su mano izquierda una pala gastada, en la derecha un pico que había partido miles de piedras.

De su cinturón colgaban un saquillo de quien sabe que¡ traía consigo un costal que figuraba dentro una persona retorciéndose de dolor pero inconsciente a la vez, empezó a cavar en el único lugar del cementerio, junto a la tumba que más bien parecía un monumento a la fe, y una mucho más precaria, que debió ser de un indigente que murió en la cruz roja.


Como gato de refrán me acerque un poco, el aroma fétido a Maestro Limpio de ultratumba me mareo, tanto que caí por un segundo, tomándome de una rama que sacudió un arbusto, haciendo caer el nido de zopilotes de cementerio.


El sonido fue casi imperceptible, pero el Sr. Catacumba lo notó, se acercó cada vez más, observaba que había caído, noto en el suelo el nido y una pequeña ave que piaba, me tiré al suelo, me llené de tierra y hojas como vi en una peli de la 2a Guerra Mundial; el Sr. Catacumba, pisó el nido con todo huevos y pajarillo, podríamos decir que hizo un homelet de huevos muertos.


Segundos después regresó a su trabajo, cavó entre 10 y 15 minutos, parecía un sansón de la tierra, a cada palazo se podía escuchar un llorar de la tierra, era como una maquina infernal, si yo fuera la tierra pensaría que es un salvaje violador.

Cuando en agujero fue de varios metros, tiró dentro el saco momificado a piel de los que parecía ser una par de víctimas de lugar inesperado, al tirarlos, uno de ellos aún se retorcía, me pareció escuchar un llorido, grito, mugido, o algo parecido.


Segundos después, previa vista rededor del lugar, se alejó en la oscuridad, que por alguna razón, parecía ser más negra a unos metros de él, creí que se trataba de algún tipo de aura, kí o chakra, o cualesquiera nombre, pero el sustantivo lo acompañaría siempre por el adjetivo maligna, muy maligna.

Entonces debía tomar una decisión, acercarme,  mirar el agujero "maligno", cavar con fuerza y salvar un inocente, volverme un héroe, salir en el periódico, obtener expediente en Secretaría de Gobernación, y quizá disfrutar de la fama un par de días.

O bien, alejarme a casa cenar la pasta rica que mi esposa estaba preparando, y por la cual debía regresar con la salsa marca trasnacional.

Era una difícil decisión, detesto la fama tanto como la pasta que hace mi agraciada mujer.

Además, no era tan malo ganarme un asesino emblemático, que me busque por el resto de mis días, quizá así no vuelva a comer esa horrorosa pasta, y si tengo suerte y una handycam, podría hacer una película tan genial como "Viernes Trece", con la calidad fílmica de "REC".

mmm... justo cuando iba a tomar la decisión más fílmica de mi vida, sonó mi teléfono, era alguien alterado que me pidió regresara con celeridad de superheroe a casa.

Me dirigí con la agilidad que mis huaraches mecánico suela de llanta me lo permitieron, spidy González hubiera estado orgulloso de mi.

Por fin llegue a casa, había al menos una docena de patrullas, claro, con sus jodidas luces encendidas dando vueltas, y alarmando a mis vecinos, al que tenía el perro más cagón de mundo, la mujer del bigote más estético, la mujer de la bragas más publicas, y claro el viejo gruñón que tenía cientos de balones de los niños que pululan en estos días junto a su jardín.


Un policía que debió haber comido al menos 40,000 donas y cafés cargados, se acercó pidió dijo mi nombre, lo hizo después que los dedos de todo el mundo apuntaban hacia mi, observó mis manos, tomo una muestra de la tierra de mis uñas, la huella de mis zapatos, un par de hojas que había quedado en mi del arbusto en que resbale.


Yo no entendía que pasaba, entonces vía a lo lejos en la sala de mi casa, que alguien salia de ella, era un tipo con un aroma a muerte y suerte al revés, con los pies pesados y suela de asfalto, la piel curtida por tanto cavar, 4 hombres lo sujetaban y apuntaban con armas ridículamente grandes, después de mi estúpida crítica, corría alterado como Israelita junto a un Palestino miembro de Al Qua Eda, llegue a la sala, había un saquillo en la entrada con no se qué, una pala rodeada de gis policíaco.


Cuando subía la vista, no veía  más que rastros de destrucción, cerré los ojos cuando llegue a un goteo de sangre, pero mi instinto de ganó, los abrí, estaba ahí, un cuerpo semidestrozado, cubierto con una sabana blanca que hacía notar que el pico tambíen derroía sonrisas.

Justo cuando me disponía en contaminar la escena del crimen, un click me ató a metálicas pulseras, dos oficiales con déficit de rosquilla me sometieron como un severo criminal, era claro, había regresado a la escena del crimen.


Había testigo de mi en el cementerio, tenía rasgos de haber cavado, además, por la prisa no tenía la salsa de tomate, y nunca pido factura a la tiendita de la esquina.

Entonces, decidí que antes de conseguir un amparo, lo mejor era quedarme callado, agache la mirada, caminé a la patrulla, y justo cuando entraba a esta, como en las películas más trágicas, carraspee la garganta, subía la mirada, gire la cabeza, y vi con tristeza a todos los lugareños.

Cuando el auto avanzaba, vi un par de pantorrillas con lunar característico, estaban entre el vestido ZARA que compré el verano pasado, y las zapatillas Chistian Dior.


Entonces sonreí, sabía que no estaba muerta, que alguien vendría por mi, y volvería a comer esa pasta que tan poco amaba.


Antes de verla por completo preparé una sonrisa socarrona, de esas que hice los últimos años después de meterme el líos de los que su padre de muchos billetes siempre me sacaba; cuando fije la mirada, algo destelló, no estaba sola, había alguien, parecía decente, la tomaba por la mano y el culo, saboreaba su escote, y me volteaba a ver, su vestimenta era intacta, excepto por una cara de cansancio, y los zapatos llenos de tierra negra y fétida a cementerio.


Cuando me alejaba, ambos rieron, supe entonces que estaba solo.


Segundos después, cuando mi sangre hervía, y trataba de abrir la puerta a la fuerza golpeando todo, empecé a marear, tal como pasó cuando me había excitado el temor de excavador en el cementerio, solo que esta vez, jamás iba a despertar.


05:00 A.M.  Dr. Reynoso.
Cadaver de hombre caucásico, 1.70 metros, sin aparentes golpes o impactos de bala.
Varios hematomas en el lateral izquierdo de la pierna derecha, ligeros rasguños en cara y pectoral izquierdo.
Procedo a abrir el cadáver...
No se encontraron signos de daño internos.
Procedo al muestreo para análisis de laboratorio.

7:00 A.M. Dr. Reynoso.
Los análisis arrojan severa intoxicación, se calcula ingesta intravenosa de 7 gramos de cocaína de buena calidad, causa segura de muerte.


10:00 A.M.
Desayunando en la fonda de siempre.

Oye Cruz, me llegó un muertito, sobredosis de coca, se llamaba Paco, y sabes que, tenía cara de que su muerte fue muy triste y dolorosa, aunque bueno, lo encontraron en la bañera de un motel, fue un palo de vida y muerte.


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