los gritos no servian de nada,
se subia a su tanque de guerra,
disparaba su sucios cañones,
y creyó que tenia razon,
subia de tono su ambigüo vocabulario,
hacia creer en los demas sus verdades,
aunque fueran falsas y poco reales,
quienes el sonido regalaban al aire,
uno de los presentes gritó sin hablar alto,
recibió un golpe de fatales insultos,
se mantuvo latente con el banderin al cielo,
pero por prudencia fingió mortal dolencia,
pasadas las horas de cruel agonia,
estando lacerado por espadas de mentira,
una intentó más lanzó en sin alegria,
pensando que en la guerra nada cambiaria,
sorpresa fue el nombre, que dio a tal triunfo,
inesperado el adjetivo que aplico con orgullo,
entendió que las batallas se ganan con tesón,
y que algunas veces, la recompensa es ser campeón.
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