Toc, toc,
sonó la madera anunciando un adiós,
el rechinido fatal presentó penumbra,
un ser obscuro de fauces tremendas,
guadaña en mano, sotana al hombro,
blanco colorido oseo ahuyentador,
se sentó, pidió un trago, descansó,
todos alarmados huían con gran pavor,
algunos se hincaban y perdían perdón,
otros lloraban juraban no más dañar,
alguien lavaba sus manos, acababa de matar,
en fin, todos actuaron, descosieron sus pasiones,
menos el trémolo de la esquina de los matones,
el tipo galardonaba un Oscar a la fanfarria,
veía a todos con desdén, y un poco de rabia,
tu existencia le molestaba, tu respirar fastidiaba,
no amaba un poco a la vida, de la vida no amaba nada,
se acerco ese peculiar personaje con un trago en mano,
el fanfarro ni volteó a verlo, siguió tomando de su vaso,
mientras el lugar vacío, anunciaba un desenlace trágico,
donde el poco apuesto vaquero, espolones perdía en el trazo,
nuestra especial amiga, la garganta carraspeó,
esperaba una respuesta, un alarido de temor,
pero el pobre hombre pagano, ni un suspiro regaló,
amenazas y maldiciones salieron de la sotana,
satanes y seres varios encubrieron su coartada,
la pluma de su final, en corazón se enterraba,
usando los últimos pegos de un corazón mal herido,
el pagano vaquero orgulloso, le susurró en el oído,
no acabaste con mi vida, de eso se encargó mi destino.
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