jueves, 5 de enero de 2012

Caronte inoportuno.

Los pasos se iluminaban con truenos incandescentes,
reflejaban sobre la luz figurares poco vehementes,
fijaban una senda pintada de lineas de parpadeo,
como las puestas en los caminos para evitar perder el destino,


poco a poco avancé por realidades ruines y hastiosas,
veía junto a mi camino cientos de luminicentes cosas,
todas alguna vez tuvieron nombre y apellido,
incluso un par de veces los encontré desvalidos,

al llegar al pórtico eterno, vi miles de cuerpos no alados,
almas desalojadas del hogar que siempre habitaron,
cada uno inconforme con la manera y el momento,
pero todos merecedores de tener un cruel sufrimiento,


Al principio de camino vi un hombre envenenado,
cicuta fue su destino por adorar dioses humanos,
a su lado un hombre que había perdido el craneo,
fue por gritar libertad en un mitin de pueblo,

delante un amigo de Orfeo, lírico era ese señor,
con cariño guardaba en su espalda plomo soñador,
tirando en el suelo un magnate dueño de media ciudad,
le entristecía en esa liga nunca haber podido quedar,

a un lado un hombre sin suerte, pero con talento y tesón,
que nunca guardo silencio, ni la banda presidencial usó,
más delante había rabinos, curas y monjes tibetanos,
juzgados por prepucios caídos, pederastia y puños cerrados,


cantaban rokeros andinos, hippies y jamaiquinos,
cada uno recordaba numerología a la muerte aplicada,
presidentes que extrañan mujeres de oficio prostitutas,
que ha heredado pensiones, mansiones y morales limpiados,

avance de entre las final pues nadie buscaba el final,
encontré a Tonico Carontes cantando hay mas peces en la mar,
jugaba con su gran amigo, el balsero platero de este mar,
que tiene solo dos pericias, cobrar y luego remar,

es una figura huesuda, con armas forradas en hueso,
sabrá darte un largo viaje, pero te olvida en el regreso,
he decidido subir a la balsa y contratarlo como asesor,
quizá a medio futuro, se vuelva un amigo leal.

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