No puedo quedarme sentados a esperar,
qué las respuestas se asomen a navegar¡,
qué los buques derramen corazón de tierra en el mar¡,
mientras avanzo a paso lento, sin pasión desbocar,
rededor veo caras largas, que sacian dolor con hambruna,
una curtida por el sortilegio del imperdonable sol,
otra expresiva y bipolar, marcada por el dolor,
una altanera y presuntuosa, temerosa de que noten su temor,
a un lado un cascarudo bunker, imposible de descifrar,
tras de mí, la más noble, irreflexiva, contante pero secreta,
la autopista parpadeante embellece la verde sierra,
acorta nuestras soluciones, asesinando al planeta,
pero a veces, mientras se duele, cobra venganza de cautos caídos,
forrando carmesí y metal tallado, el negro azabache-carretera,
justo ahora, medio día paso de la vital derrama,
cuando la última copa, esa amarga acompañada de folklor,
espolvoreada de una dosis de frenesí y descontrol,
a la altura de la Curva de los Catanes venganza tomó,
no sabremos nunca exactamente como pasó,
cual fue la razón o motivo; si el arrebato actuó,
quedará en una duda si había manera y posibilidad de acción,
si cambiando estas piezas, el rompecabezas no destartaló,
noto a una personita, cuya cara desconcierta la incertidumbre,
observa a todos lados del vacío, buscando la otra respuesta,
esa que mantendría nuestros pies lejos de funerales,
busca además inocentes, papeles culpables con firmas selladas,
pero ni ella, ni el colector legista algo podrán encontrar,
ella por no existe respuesta, el por interés residual,
quisiera también tener el animus de algo buscar,
de no sentir coraza de necropta legal,
pero siempre he creído sin temor un a poco a errar,
"que no existe mejor justicia que la que te ganas sin dar"
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