Tu destino quedo enmarcado en piezas de cambio,
tu sombra no era luz incandescente en mi camino,
los pensamientos eran un rompecabezas incompleto,
la voluntad ya había sido calcinada por dragones,
llegaba el momento de tomar el ruedo y avanzar,
dejar los barrotes de mi propia incapacidad,
hacer mía la incertidumbre y forjarla en duro metal,
dejar las evasivas, cortar cordones, desatar nudos,
sin embargo, tu valor fue declarado en números rojos,
decidiendo tomarte a la deriva y decidir fácil el cambio,
lanzando un trozo de cobre forjado hacia el horizonte,
esperando su sabiduría que fue guerra, sangre y pasión,
la moneda marco en el horizonte su oblicuo avanzar,
cayó al suelo, formando surcos de amarga desesperación,
pocos fueron los segundos antes del veredicto esperado,
el trozo de plata cayo de ambos lados, decidió no decidir.
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