sábado, 7 de enero de 2012

Viajes de temporada I.

El viaje fue largo, pero extraños brebajes nos acompañaron,
la compañía era justa medianía, la única qué sabemos contar,
el carruaje tenía cuatro ruedas, asientos y un conductor peculiar,
no aceleraba, cuidaba siempre su distancia, era mi amigo barrigón,

la distancia era acortada por la buena charla, las copas colisionaban,
los buenos deseos y excelente voluntad a cientos de metros volaban,
advertía peligro inminente,  auguro profecías, un trago más de valentía,
llegamos al pueblo sin sombrero, inclinamos la frente, pisamos su suelo,

al cruzar encomendamos la dirección, a una sexy y robótica voz,
que a la menor intención, en lugar de llevarnos, nos regresó,
encontramos a los que faltan, después de mucho esperar,
mientras que las vejigas estaban a punto ya de explotar,

por fin nos, dirigíamos a un infierno, desconocido y aberrante,
antes era una galera llena de pastura, ahora es un salón galante,
es un edificio monstruoso, forrado a hermoso color bermellón,
se encuentra a la salida al mundo, a los pies de lucifer,

pasamos, justo al frente del lugar,
logrando éste, nuestros rostros iluminar,
pero la pericia y negligencia de nuestro mal anfitrión,
de nuestro tanque de combustóleo la mitad consumió,

después de un largo viaje la penumbra terminó,
entramos a la galera, la sorpresa nos sorprendió,
paralizó nuestras mentes, la pupila se dilató,
nunca habíamos visto junta tanta perdición.


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