El viaje fue largo, pero extraños brebajes nos acompañaron,
la compañía era justa medianía, la única qué sabemos contar,
el carruaje tenía cuatro ruedas, asientos y un conductor peculiar,
no aceleraba, cuidaba siempre su distancia, era mi amigo barrigón,
la distancia era acortada por la buena charla, las copas colisionaban,
los buenos deseos y excelente voluntad a cientos de metros volaban,
advertía peligro inminente, auguro profecías, un trago más de valentía,
llegamos al pueblo sin sombrero, inclinamos la frente, pisamos su suelo,
al cruzar encomendamos la dirección, a una sexy y robótica voz,
que a la menor intención, en lugar de llevarnos, nos regresó,
encontramos a los que faltan, después de mucho esperar,
mientras que las vejigas estaban a punto ya de explotar,
por fin nos, dirigíamos a un infierno, desconocido y aberrante,
antes era una galera llena de pastura, ahora es un salón galante,
es un edificio monstruoso, forrado a hermoso color bermellón,
se encuentra a la salida al mundo, a los pies de lucifer,
pasamos, justo al frente del lugar,
logrando éste, nuestros rostros iluminar,
pero la pericia y negligencia de nuestro mal anfitrión,
de nuestro tanque de combustóleo la mitad consumió,
después de un largo viaje la penumbra terminó,
entramos a la galera, la sorpresa nos sorprendió,
paralizó nuestras mentes, la pupila se dilató,
nunca habíamos visto junta tanta perdición.
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