jueves, 29 de diciembre de 2011

Brasas de olvido.

Me pregunte tras el reflejo de una taza de té,
cual es el lugar donde tus lagrimas han de secar?
si aún es tu pecho frágil, terso y  desnudo,
o lo haz cambiado por otro mucho más robusto,

he pensado cientos de veces que reflejan tus ojos,
cuantas copas más han pasado por tu manos,
cuantos tipos de tu parte más secreta han disfrutado,
cuantos de ellos en tu pecho se han marcado,

sigo creyendo ilusamente que guardas lugar para mí,
quiero creer que con mi malos tratos y sevicias,
deja en tí una marca que no se cura ni se quita,
qué permanece indeleble, estampada en carne vida,

quiero pensar que mi forma de tocarte fue infame,
que nunca olvidaras las páginas negras de nuestro pasado,
que son el peor de los perversos, que te doy asco y repulsión,
que no queda un brasa de lo qué ahora parece un río congelado,

quiero pensar qué me recuerdas, pero con ira y traición,
que conmigo solo beberías la cicuta de la aversión,
que no puedo confiar en tu pasos, ni de un saludo desertor,
que de mi solo deseas el castigo divino que se da a un conspirador,

sin embargo, la última vez que te dejaste ver,
demostraste un odio fingido, con aroma a ígneo carbón,
que la sevicia no fue suficiente, y el maltrato se olvido,
que hay aún en tu alma, un espacio para este traidor.

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