Siempre he extrañado tu mundo rosado,
tu manera tan peculiar de remediar la guerra,
tus respuestas correctas a interrogantes embusteras,
esa manera de confesar cada vez que bromeas,
desolación fue el mejor término para estos años,
cada noche, cada invierno, cada atardecer,
nombre y biografía clavado en mis entrañas,
secretos de alcoba, recuerdos de latex, besos de olvido,
desde entonces formé en mi mente cuentos de hadas,
cada uno de ellos llevaba como título un "quizás",
eran asombrosas estructuras flotantes en un mundo virtual,
en un universo paralelo donde somos Soberano y Majestad,
un día por fin procedimos a cerrar las herías que causamos,
dimos cita a un día caluroso lleno de esperanza y temor,
nos pusimos buenas ropas y un perfume embriagador,
cada quién tomo valor a su forma, yo robé un viejo viñador,
como de costumbre llegaste tarde al lugar tan esperado,
objetaste escusas para justificar interés no aparentado,
conversamos un par de horas, dando cuenta de nuestros fracasos,
diste sentencias severas, convincentes, claras y casi ciertas,
por mi parte, no llevaba ningún plan, esperaba solo encamar,
olvidar todos lo pasados, escribir un nuevo relato en papel blanqueado,
pero las cosas se tornaron frías, tensas; no hacías mas que recordar,
pelear un pasado de hiel, cuando te esperaba un futuro aterciopelado,
por fin la tregua de gritos terminó, era momento de despedirnos,
te llevé a donde siempre dormiste, salvo cuando estabas conmigo,
hiciste apócope del camino como en los viejos tiempos,
y te despedí, lo hice donde la última vez, antes de iniciar tu camino.
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