martes, 20 de diciembre de 2011

Recuerdos improbables.

La luz entraba suavemente por la ventana,
cubría tus pechos de sal, tus labios de mármol
tus piernas de ensueño, tus caderas dementes,
tu ojos de abismo, tu cara de fantasía,

te levantaste cortes a su origen cristal,
miraste el horizonte un par de segundos en silencio,
volteaste a nuestro sillón favorito con desdén,
tomaste tus bragas de suelo, el camisón del buró,

un par de pisadas a la alfombra gastada,
recolectaste las telas que cubrieron tu sal y mármol,
ajustaste el cinturón, calzaste tus zapatos,
fraguaste un peinado que escondiera la noche,

yo aún me encontraba contemplando tu danza,
admirando tu forma de esconder lo sucedido,
de lavar tu memoria llena de triunfos pírricos,
de guardar bajo tu sostén botines con laurel,

pediste acabar con la travesía ansiada,
salir de esa cueva de vehemencia y escarcha,
borrar pensamientos lúdicos y indelebles,
dejar de fatigar al sol que la luna estará brillante,

de lo que sigue, hay poco que contar,
nos fuimos, llegamos y nunca más regresamos,
el sol brillo cada día más, la luna perdió su resplandor,
te perdiste entre soberanos de tu mente,
yo caí en cariños diligentes, incansables, incesantes,

nos volvimos estampas virtuales de mentes inacabadas,
en marcas delebles de ramas perennes de un retoño,
en historia no contadas, recordadas por dos,
en un dejavú que a veces sabe a un dulce recuerdo.


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