Dulce amante, copulante, follante, dueña de mi cama, reina de orgasmos, cualesquiera denominación que podamos darle carece de importancia, mientras las mentes y almas se unan en carne y pasion, nuestros montes formen un bosque poblado, y los labios hiervan de fulgor, el nombre, la cama y el reloj, vivirán felizmente inombrados
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