Pensé que había perdido la capacidad de sorpresa,
que los negros acontecimientos del diario,
las polémicas notas leídas al televisor,
los fatalistas correos que juzgan el consumo indiscriminado,
y los falsos profetas que acaban este mundo a cada semana,
serían suficientes para secar los mares de mi asombro.
Creía que el asombro ya tenía nombre y denominación,
pero al verte desnuda y caliente, tersa y majestuosa,
rosada y ardiente, fogosa y mojada,
esa palabra en definitiva cambió su traducción.
Los caideles excitantes que corren por tu espalda,
la luz enérgica y a la vez delicada de tu observación,
la pulcritud del vientre que guarda ese impío físico,
y más abajo, solo un poco, el lugar donde habitan pasión, arrebato y frenesí,
En fin, y a resumidas cuentas,
vestirte con luces tenues de luz,
es tu mejor y más formal ajuar,
descansar sobre mi brazo,
es tu mejor lugar.
esta padre
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