domingo, 11 de diciembre de 2011

Sorpresas.

Pensé que había perdido la capacidad de sorpresa,
que los negros acontecimientos del diario,
las polémicas notas leídas al televisor,
los fatalistas correos que juzgan el consumo indiscriminado,
y los falsos profetas que acaban este mundo a cada semana,
serían suficientes para secar los mares de mi asombro.


Creía que el asombro ya tenía nombre y denominación,
pero al verte desnuda y caliente, tersa y majestuosa,
rosada y ardiente, fogosa y mojada,
esa palabra en definitiva cambió su traducción.


Los caideles excitantes que corren por tu espalda,
la luz enérgica y a la vez delicada de tu observación,
la pulcritud del vientre que guarda ese impío físico,
y más abajo, solo un poco, el lugar donde habitan pasión, arrebato y frenesí,


En fin, y a resumidas cuentas,
vestirte con luces tenues de luz,
es tu mejor y más formal ajuar,
descansar sobre mi brazo,
es tu mejor lugar.






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