Quién determina lo justo y cruel?
quién señala lo punible de los castigos?
acabando con esperanzas de vida y libertad,
dando hierro fundido a tus pies soberanos,
quién entiende a la perfección la honradez y equidad?
decidiendo en vidas ajenas jurisdicciones artificiales,
haciendo estudios ilusos, imperfectos y parciales,
creyendo que inspiran soberbios supremos aforismos,
quién puede tomar tal decisión sobre un ente mortal?
creer que tu fallo es un equilibrio a la tristeza cadavérica,
qué ese montículo de sangre y gusanos vive en paz por ti?
pensar que el cosmos agradece tu monumental divina actuación,
escudarte bajo un hábito que adorna tu Magistratura,
tras cuatro paredes que no reflejan la verdad social,
olvidando los principios que rigen este universo de bondad,
dejando serpentosas imágenes de tu arrogante potestad,
recuerda que pago la sal que recibes con mi trabajo,
qué cada homúnculo que vez con desdén es tu jefe supremo,
qué debes rendirnos cuenta a todos, al feudo y al omnisciente señor,
qué aunque ahora ganes la pieza, un verdadero juicio no podrás evitar.
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